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La tristeza del Metro

La tristeza del Metro

Aún no salgo del estupor, del dolor y de la tristeza por lo sucedido con la Línea 12 del metro, y es que ya todos sabemos que esto pudo haber sido evitado. Alguien pidió ayuda y el Gobierno no quiso escuchar. ¿De quién fue la culpa? quizá nunca se sepa. Dolorosamente se reparten responsabilidades entre muchos, son tiempos electorales y a nadie le debe de caer el balón incendiado. El chiste es hacerse a un lado para no resultar quemado. Mientras tanto se acumulan 25 muertos y decenas de heridos, de familias rotas otra vez, ya no por una pandemia, sino por una clara incompetencia de quienes nos gobiernan.

¿Podríamos pensar que no fue culpa de este Presidente? Tal vez. Pero si al menos no fue su culpa, mínimamente debería de haber expresado un pequeño signo de dolor por las muertes y los heridos, pero no, lo que encontramos en este Presidente fue una clara preocupación y enojo con los medios de comunicación por atribuirle esta desgracia. En  pocas palabras, tal cual lo dijo, “esto que pasó y la manera en que los medios e intelectuales orgánicos lo dimensionan, son politiquerías”.

Hoy sonrió y bromeó en la mañanera, mientras mi corazón, atónito, literalmente colapsado, lo miraba reír. Después dijo que a pesar de haber decretado “tres días de luto nacional” no se suspendería la celebración del 5 de mayo: “Es que es importante” dijo. El importante era él, y todo lo que tuviera que ver con él. Otra vez los muertos le hacían sombra y eso no se los permitiría. Y por la tarde una madre rota, que había perdido a una de sus hijas en la tragedia, mientras que su otra hija se encontraba con la columna hecha pedazos sin poder ser sometida a cirugía “porque no había con qué” operarla, mientras él… aquél Presidente que se ve tan mínimo y se sabe tan mínimo, sonreía.

¿Quién tuvo la culpa? Tan solo con el desdén de este Presidente, su indolencia, su indiferencia por esta tragedia, yo lo culpo. Lo culpo por insensible y por egocéntrico, lo culpo por no amar a este “Pueblo” como él le dice, como dice amarlo.

Ya no tengo ganas de escribir más, sigo rota, sigo triste, y sigo, no obstante ya no sé cómo seguir.

Ni perdón. Ni olvido